En El pensamiento salvaje, Claude Lévi-Strauss indica que la química moderna reduce la variedad de los sabores y de los perfumes a cinco elementos diversamente combinados: carbono, hidrogeno, oxigeno, azufre y nitrógeno; y que de acuerdo a factores como presencia, ausencia, y a la estimación de dosificaciones y umbrales, resultan ciertas diferencias y semejanzas entre cualidades de los sabores y perfumes. Por ejemplo por su olor similar estarían en un grupo el té del Canadá [«wintergreen»] la lavanda y el plátano, cuya semejanza se explicaría por la presencia de ésteres. En otro grupo estarían la cereza silvestre, la canela, la vainilla y el vino de jerez, siendo todos contentivos de aldehídos. Lévi-Strauss, va más allá al decir que esto no es sorprendente; sino que se trata de «asociaciones que ya se sospechan» y que enriquecen y aclaran al sentimiento estético, ya que «un ejercicio asiduo de la sola intuición habría permitido descubrirlas ya», a tal punto que «Un filósofo primitivo o un poeta habría podido realizar estos reagrupamientos inspirándose en consideraciones ajenas a la química, o a cualquier otra forma de ciencia […]»
2 comentarios:
Intuiciones que poseen el conocimiento sopesado por las emociones, laboratorios de vida que se adelantan siempre a la racionalidad. Esas intuiciones que sin necesidad del detector de mentiras nos permiten descubrir por el tono de la voz una mentira, por la mirada un engaño, por los silencios mensajes de abandono.
Cierto Lic., pero ese es el lado negativo de la cuestión :)
Gracias por el comentario.
Un abrazo.
Paola
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