En El pensamiento salvaje, Claude Lévi-Strauss, cuenta que ciertas tribus indígenas, no tenían en su lengua nombres para “una variedad ilimitada de seres vivos del mar y del bosque, de fenómenos meteorológicos o marinos” porque no les parecían útiles o dignos de interés.
Al contrario, Borges en Funes el memorioso, habla de un idioma bastante amplio, así a Funes "Le molestaba que el perro de las tres y catorce [visto de perfil] tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto [visto de frente]” y en El idioma analítico de John Wilkins contempla una idea compleja: “Teóricamente no es inconcebible un idioma donde el nombre de cada ser indicara todos los pormenores de su destino, pasado y venidero”.
En una expresión más romántica, en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius; Borges alude al idioma del primero así
“[…] Hay objetos compuestos de dos términos, uno de carácter visual y otro auditivo: el color del naciente y el remoto grito de un pájaro. Los hay de muchos: el sol y el agua contra el pecho del nadador, el vago rosa trémulo que se ve con los ojos cerrados, […]”
“[…] No se dice luna: se dice aéreo-claro sobre oscuro-redondo o anaranjado-tenue-del cielo […]”
Justamente esa fue la figura que provocó esta entrada… la recordé tan hermosa como una palabra que encontré hace algunos días… La palabra sueca Mångata, que alude al surco luminoso con forma de camino que crea la luna sobre el agua.
Aquí otras palabras hermosas:
Thanks Tiago ;)
Fotografia: Ti porterò... de Caleb Lost (CC BY-NC-ND 2.0) http://www.flickr.com/photos/7965295@N06/

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