No pasa un día sin que uno se encuentre en un papel, en una charla, en una esquina, en un semáforo, en la pantalla del televisor o del ordenador, con la injusticia social, con el hambre, la humillación, la desprotección e indefensión; con los gestos de desesperación de los más humildes; y con las leyes implacables e injustas, impuestas por gobiernos desalmados y ambiciosos. Con el sufrimiento al que son sometidos los animales, y la naturaleza; con la tierra explotada y envenenada sin piedad. Y uno se sabe culpable de algún modo.
Pero pienso [con esperanza] en el bien como semillas que se llevan las abejas, los pájaros o el viento; que va de alma en alma; almas que muchas veces sin saber se comunican. Y pienso en la sensibilidad y en la revolución interna y externa, y en los corazones que aún sienten y les duele y les preocupa el mundo más allá de sus propios intereses; y en que las lagrimas de muchos, no son en vano.
Y tan propicias a todo lo que pienso… las palabras aún jóvenes de Pablo Neruda:
"Podrán cortar todas las flores… Pero no detendrán la primavera.”
Fotografía de Arti Sandhu (CC BY-NC-ND 2.0) http://www.flickr.com/photos/artisandhu/

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