jueves, mayo 01, 2014


Recordando un aparte de La casa de los espíritus, pienso en lo difícil que es callar.  Y en que dependiendo de las causas puede ser injusto;  pero frente al desconcierto es una buena opción y  algunas veces hasta la única, al estilo de la semilla de Neruda; a quién regresé hace poco, y me asombra de nuevo con el esplendor y la belleza de sus letras…

Yo que crecí dentro de un árbol
Tendría mucho que decir,
Pero aprendí tanto silencio
Que tengo mucho que callar
Y eso se conoce creciendo
Sin otro goce que crecer,
Sin más pasión que la substancia,
Sin más acción que la inocencia,
Y por dentro el tiempo dorado
Hasta que la altura lo llama
Para convertirlo en naranja.



Silencio,  Pablo Neruda.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Siempre Neruda, siempre. Saludos, Paola. Vuelvo a reencontarme con su blog y con la poesía siempre presente en cada post.

Paola Arciniegas dijo...

Siempre..., Lic. Dago, la poesía también la trae usted. Saludos.

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