Recordando un aparte de La casa de los espíritus, pienso en lo difícil que es callar. Y en que dependiendo de las causas puede ser injusto; pero frente al desconcierto es una buena opción y algunas veces hasta la única, al estilo de la semilla de Neruda; a quién regresé hace poco, y me asombra de nuevo con el esplendor y la belleza de sus letras…
Yo que crecí dentro de un árbol
Tendría mucho que decir,
Pero aprendí tanto silencio
Que tengo mucho que callar
Y eso se conoce creciendo
Sin otro goce que crecer,
Sin más pasión que la substancia,
Sin más acción que la inocencia,
Y por dentro el tiempo dorado
Hasta que la altura lo llama
Para convertirlo en naranja.
Silencio, Pablo Neruda.
2 comentarios:
Siempre Neruda, siempre. Saludos, Paola. Vuelvo a reencontarme con su blog y con la poesía siempre presente en cada post.
Siempre..., Lic. Dago, la poesía también la trae usted. Saludos.
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