Alguna mañana como ésta, una tristeza inefable, nostalgia de lugares ajenos; de ocasos en tardes extraviadas, barcos bordeando costas de relieves desconocidos, nubes de filigrana. Cantos, voces que ya no se escuchan. Escribir en la soledad... desde la soledad. Intentar acercarse -quizá- inconscientemente por rutas del alma, del pensamiento a la gente que se ama.
La geografía del corazón. Una nostalgia que es y a la vez no, de Chiloé, de Puerto Montt, de algún lugar que pueblan apenas los recuerdos. Hay espacios que siempre nos retienen.
Una mañana como ésta, recuerdo pájaros distantes que amé, tiuques. Los tiuques de Chiloé que me enseñó alguien que ya no está. Otros pájaros hermosos también aun danzan en cielos lejanos.
En recuerdo, también de don Jaime Conde [que el Eterno lo tenga con bien] que me enseñó la nostalgia de Chiloé. Extraño leerlo, saber que me lee.


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