«No se lo diremos a nadie. Que la flor de la esquina del jardín estaba llorando sola por la mañana. Si se extendiera el rumor y llegara a oídos de las abejas, regresarían para devolverle el néctar a la pobre flor como si ellas tuvieran la culpa de su llanto».
Kaneko Misuzu
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