Durante la ceremonia de Iom kippur, aprendí que hace mucho tiempo en Israel había una piedra donde se acostumbraba a dejar las cosas que se encontraban perdidas en la calle. Así, si alguien extraviaba algo, iba allí y podría encontrarlo. También se habló de que de acuerdo a la halajá se considera algo perdido cuando la persona lo dio por perdido, y no lo busca más; pero mientras guarde la esperanza de encontrarlo, aun no lo ha perdido. No importa donde se encuentre, o quien lo tenga, le pertenece.
Hace tiempo había leído el caso de una mujer judía, cuyo esposo comerciante le encomendó ir a la ciudad a comprar mercancía con una suma importante de dinero. La mujer la perdió, y días después apareció alguien que la encontró y -de acuerdo a la halajá- le dijo que la consideraba suya, porque ella la había dado por perdida -no sé si esto ella lo había comentado con alguien-, el caso es que ella pudo demostrar que «no la había perdido» puesto que no le había contado a su marido de la pérdida, y eso demostraba que no había perdido la esperanza de recuperarla.
La enseñanza es bella y va mucho más allá de lo que comprende el derecho del mundo en general; se podría hablar aquí de la prescripción como modo de adquirir el dominio y sacar de allí alguna relación. Borges frecuentó la idea de lo perdido, se me antoja algún recorrido por sus reflexiones...

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