martes, septiembre 13, 2022

Tan triste la canción que hoy vuelve a mí

que antes fue luz y ahora es sombra...


«Cuando vine por primera vez a Lisboa, había en el piso superior al que ocupábamos, un solo de piano tocando en escalas, aprendizaje monótono de la niña que nunca vi. Descubro hoy que, por procesos de filtración que desconozco guardo aún en las grutas del alma, audibles si abren la puerta de allá abajo, las escalas repetidas, tecleadas, de la niña hoy señora y muerta o clausurada en un lugar blanco en donde verdean los cipreses. 


Yo era niño, y hoy no lo soy; el sonido sin embargo, es igual en el recuerdo al que lo era en la realidad [...] Me invade, a fuerza de considerarlo o sentirlo, una tristeza difusa, angustiante, muy mía.

No lloro la pérdida de mi infancia; lloro el que todo, y con ello mi infancia, se pierda. Es la fuga abstracta del tiempo, no la fuga del tiempo concreto que es mío, lo que me duele en el cerebro físico por la recurrencia repetida, involuntaria, de las escalas del piano del piso de arriba, terriblemente anónimo y lejano. Es todo el misterio de que nada dure lo que martillea repetidamente cosas que no llegan a ser música, pero que son nostalgia, en el fondo absurdo de mi recuerdo».

F. P.

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