miércoles, julio 14, 2010

El justo precio del humo o un loco muy buen juez…

“[...] En Paris, en el horno de asados de Chastelet, junto al obrero de un asador, un mozo de cuerda se comía su pan al humo del asado, porque asi lo encontraba perfumado y sabroso. El pastelero le dejó hacer y cuando se hubo comido todo el pan lo cogió por el cuello y quiso que le pagara el humo de su asado. El mozo le contestó que en nada había dañado su carne, nada de lo suyo había tomado y nada por consiguiente le debía. El humo de que se trataba salia fuera, y así como así, se perdía: jamás se oyó que en Paris se vendiera humo de asados. El pastelero replicaba que no tenía su humo para alimentar mozos de cuerda y le amenazó con quitarle su gancho si no le pagaba; el mozo entonces enarboló su bastón y se puso a la defensiva.
El altercado fue grande y el necio pueblo de Paris corrió desde todas partes al debate. Allí, por casualidad, se encontraba Seigny el loco, y habiéndole visto el pastelero dijo a su contendiente: -¿Aceptas lo que diga sobre nuestra diferencia el noble Seigny? –Si, por el corazón de Dios –contestó el mozo. Entonces el aludido, enterado de la cuestión, mandó al mozo de cuerda que le entregara una moneda de plata; le dio un philipus y se lo puso sobre el hombro derecho, cómo explorando si estaba plano; despues sobre la palma de la mano izquierda, cómo para ver si era de buena ley, luego junto al párpado del ojo derecho, cómo para ver si estaba bien marcado.
Todo esto lo hizo con gran silencio del público, observación atenta del pastelero y desconfianza del mozo. Por fin sobre el mostrador lo hizo sonar muchas veces y luego con majestad presidencial, teniendo su garrote en el puño como si fuera un cetro, afirmando en su cabeza su sombrerete de piel de marta, con orejas de papel cortadas en pico de flauta, tosiendo previamente dos o tres veces, dijo en alta voz: -El tribunal os dice que el mozo de cuerda que ha comido su pan al humo del asado, civilmente ha pagado al pastelero con el sonido de su plata. Ordena el mismo tribunal que cada uno se vaya con su cada una, sin gastos y pleito terminado.

Esta sentencia del loco parisense ha parecido tan equitativa, tan admirable a los doctores citados, que han dudado de que, si la materia hubiera sido sometida al parlamento de dicho lugar, a la Rota en Roma o a los mismos areopagitas, la hubieran decidido y sentenciado más jurídicamente.
Por tanto ved si queréis tomar consejo de un loco.[...]"

Extraído de Gargantúa y Pantagruel [F. Rabelais]

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