“[…] Un capítulo de Schopenhauer no es el papel en las oficinas de Leipzig ni la impresión, ni las delicadezas y perfiles de la escritura gótica, ni la enumeración de los sonidos que lo componen ni siquiera la opinión que tenemos de él; […]”
http://www.flickr.com/photos/htakashi/6838387723/ (CC BY-SA 2.0) Fotografía Colorful flight By Takashi(aes256)
Los individuos y las cosas existen en cuanto que participan de la especie que los incluye, que es su realidad permanente. Busco el ejemplo más favorable: el de un pájaro. El hábito de las bandadas, la pequeñez, la identidad de rasgos, la antigua conexión con los dos crepúsculos, el del principio de los días y el de su término, la circunstancia de que son más frecuentes al oído que a la visión –todo ello nos mueve a admitir la primacía de la especie y la casi perfecta nulidad de los individuos. Keats, ajeno de error, puede pensar que el ruiseñor que lo encanta es aquel mismo que oyó Ruth en los trigales de Belén de Judá; Stevenson erige un solo pájaro que consume los siglos: el ruiseñor devorador del tiempo.
http://www.flickr.com/photos/felix42/84020230/(CC BY-NC-SA 2.0) Fotografía Secret Garden By Felix42 contra la censura.
Schopenhauer, el apasionado y lúcido Schopenhauer, aporta una razón: la pura actualidad corporal en que viven los animales, su desconocimiento de la muerte y de los recuerdos. Añade luego, no sin una sonrisa: Quien me oiga asegurar que el gato gris que ahora juega, en el patio, es aquel mismo que brincaba y traveseaba hace quinientos años, pensará de mi lo que quiera, pero locura más extraña es imaginar que fundamentalmente es otro […]”
Fragmento de Historia de la eternidad [J. L. Borges]


1 comentario:
¡Qué texto tan provocativo! Escelente la selección. Borges, siempre vigente.
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