Hace años mientras leía bajo un árbol de guayaba; cayó sobre las páginas abiertas, un insecto diminuto de colores preciosos, brillantes... Pensé que estaba vivo. Pero no. Lo puse entre mis manos para observarlo; además porque nunca había visto uno de su especie [ni lo he vuelto a ver], y en detalle sobrepasaba su belleza a simple vista. Hasta las alas eran lindísimas. Entonces intenté tocarlas [sentirlas] y me sorprendí mucho... por primera vez no pude; mi tacto no alcanzó a percibir tanta delicadeza, toda hecha de transparencia, de trazos precisos. En medio de la admiración, comprendí que si lo seguía intentando las iba a romper.
No me volvió a ocurrir, pero no olvido que hay cosas que no podemos sentir, aunque las toquemos. Y eso es como una analogía de ciertas fronteras, de línea suave, etérea, fascinante. Así hay cosas y hay límites. Y dónde aparentemente no los hay; a veces si los hay. El alma los percibe. Y es entonces quizà ese trazo, raya ultravioleta «invisible» que sabemos que no se debe pasar, la que le confiere todo el esplendor de la belleza, de la luz verdadera, inacabable aunque sea intermitente, a ciertas cosas.
Fotografía: Violet. Géranium vivace (CC BY-SA 2.0) By vostok 91 https://www.flickr.com/photos/93941360@N02/
No me volvió a ocurrir, pero no olvido que hay cosas que no podemos sentir, aunque las toquemos. Y eso es como una analogía de ciertas fronteras, de línea suave, etérea, fascinante. Así hay cosas y hay límites. Y dónde aparentemente no los hay; a veces si los hay. El alma los percibe. Y es entonces quizà ese trazo, raya ultravioleta «invisible» que sabemos que no se debe pasar, la que le confiere todo el esplendor de la belleza, de la luz verdadera, inacabable aunque sea intermitente, a ciertas cosas.
Fotografía: Violet. Géranium vivace (CC BY-SA 2.0) By vostok 91 https://www.flickr.com/photos/93941360@N02/

4 comentarios:
Esa belleza inefable de la naturaleza, que nos deja mudos...
Está tan fuera de nosotros, tan lejos. Pero la sentimos a la vez tan dentro de nosotros, tan cerca…
Siéndonos inalcanzable, nos es a la vez tan familiar, tan íntima…
Si apreciado Olo... Bien lo sabe usted que desde su sensibilidad ha sabido disfrutar y valorar esa cercanía con la naturaleza. Lindas sus palabras; me alegra mucho que pase por acá.
Y a veces, sin intención, sentimos y vibramos con las sorpresas que la brisa nos regala, otra frontera y otra luz verdadera.
La brisa o la luz que nos traen entre el color, entre el aire, alguna serendipia cuando menos se espera, lic.
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