lunes, abril 18, 2016

El pasado fín de semana, al salir de casa para hacer mercado, ví que el perro negro de mis vecinos no desviaba la atención del techo de su jardín... entonces la ví: blanca muy blanca, desesperada, aleteando de prisa infructuosamente; intentando salir, golpeándose con la teja blanca casi transparente [lo cual creo la confundía]: una pequeña mariposa. 
Hace años en este blog escribí algo parecido que me ocurrió con un colibrí. Lo recordé en ese momento. Tomé de prisa la bolsa ecológica del mercado que tiene muchos colores y la batí hacia arriba de un lado a otro, desde donde estaba; mientras pensaba que eso no tenía lógica... ¡una mariposa no vé como un pájaro!. Y ocurrió el milagro, se hizo el poema. No pasaron más de unos segundos... La mariposa vino hacia la bolsa, subió subió, y se fué leve y feliz perdiéndose entre el aire fascinante de la fría mañana bogotana. Yo me quedé asombrada una vez más viendo el dibujo de las nubes… pinceladas blancas y grises adornando el inefable cielo azul iluminado, entre las verdes - terracotas montañas, tan asombradas como yo.


Aquí la historia del colibrí:

http://dibujos-en-la-nieve.blogspot.com.co/2013/03/colibri-flor.html

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