había que soportar la crudeza de su frío.
Yo que me olvido a veces de la nieve, hallé ayer una pluma yaciendo en el asfalto,
No le dije a nadie, puesto que es mayo y no querrían creerme,
Pensé en cuál sería su sitio si ya no es ese pájaro.
Y ví la tierra perdida entre las flores; pero no quise, y ví la lluvia. Luego el viento... Quizá la lleve a su lugar...
Mejor la traje a casa y la deje en cualquier lugar, como si no importara.
Pero luego quise tocarla... como se toca el teclado de un piano descuidadamente. Y tan leve y tan suave la dulce melodía, cómo la brisa... ¿Donde fué, a dónde estuvo?
No más... Ahora es un simple dibujo de nieve entre mis manos, no más el vuelo. Quise decir una palabra, pero no pude.
Recordé las veces que reincidí en hacer la colección de plumas con sus breves historias... Y como las devolví a la tierra una y otra vez.
La pluma sigue aquí como un recuerdo. Quizá la guarde. Quizá la abandone en algún campo. No sé,
No habría querido recordar la nieve, tan blanca, tan preciosa... Pero ya está...
de nuevo el frío.

1 comentario:
La rosa y las espinas, el recuerdo apenas y la nostalgia.
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