Cierto que la belleza reside en la persona, en la obra o en la cosa misma de manera objetiva; pero también influye el modo; la descripción de quién nos la presenta. Pensaba en Cansinos Assens de quien leí la traducción de las obras completas de Dostoievski, Goethe y Balzac; cuyos prólogos siempre contenían un recorrido biográfico. Así que antes de adentrarme en los textos, me «enamoré» de los autores con solo leerlo a él paseando por sus vidas con una pluma plena de matices preciosos.
Cómo si te fuera llevando de la mano a un lugar bello, así lo sentía, y es quizá por ello, que siempre que encuentro a Borges hablando de él, lo siento tan extrañamente especial, casi hasta lo sublime...
«(...) Noche postrer de nuestro platicar, antes de que se levanten entre nosotros las leguas
Aun es de entrambos el silencio donde como praderas resplandecen las voces.
Aun el alba es un pájaro perdido en la vileza más lejana del mundo.
Ultima noche resguardada del gran viento de ausencia.
Grato solar del corazón; puño de arduo jinete que sabe sofrenar el ágil mañana.
Es trágica la entraña del adiós como de todo acontecer en que es notorio el Tiempo.
Es duro realizar que ni tendremos en común las estrellas.
Cuando la tarde sea quietud en mi patio, de tus cuartillas surgirá la mañana.
Será la sombra de mi verano tu invierno y tu luz será gloria de mi sombra.
Aún persistimos juntos.
Aún las dos voces logran convenir, como la intensidad y la ternura en las puestas del sol».
J. L. B.

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