jueves, agosto 06, 2009

Ave Fénix... Entre fantástico y real


"El ave Fénix en un manuscrito de Barthélémy de Glanville: Le livre des propriétés des choses (siglo XV)" Imágen tomada de: http://es.wikipedia.org/wiki/F%C3%A9nix

Imaginado o cierto, para unos leyenda, para otros parte de la historia. Para algúnos divino, para otros ave [en todo caso no como todas las demás]. Visto desde cualquier ángulo, un ser fascinante. Algo en lo que todos coincíden: Su punto de origen, muerte y renacimiento: Oriente.
Los israelitas, en el Talmúd babilónico consignan que “Jol” o “Chol” [que en hebreo quiere decir arena y es el nómbre que le dan], fue el único ser que no quiso recibir de Eva, la fruta prohibida, por lo cual fue bendecido con la eternidad. También contemplan que durante el diluvio en el arca de Noaj, éste agotado por alimentar la inmensa cantidad de animales, observa a Jol en un rincón sin pedir alimento como los demás, y le pregunta si es que no quiere comer; entonces el ave le dice algo así como que le vió muy ocupado y no queria importunarlo. Entonces Noaj invoca la bendición del Creador para que ésta ave sea eterna.

El historiador griego Heródoto de Halicarnaso, en el segúndo tomo [de los nueve] de su libro de Historia, [el libro fue escrito aprox. En el año 444 AEC] al tocar el tema de los anímales venerados como sagrados por los egipcios, menciona a un ave llamada vulpanser o ganso bravo y al ave fénix, en cuya consideración se extiende:
“LXXIII. Otra ave sagrada hay allí que sólo he visto en pintura, cuyo nombre es el de fénix. Raras son, en efecto, las veces que se deja ver, y tan de tarde en tarde, que según los de Heliópolis sólo viene al Egipto cada quinientos años a saber cuándo fallece su padre. Si en su tamaño y conformación es tal como la describen, su mote y figura son muy parecidas a las del águila, y sus plumas en parte doradas, en parte de color de carmesí. Tales son los prodigios que de ella nos cuentan, que aunque para mi poco dignos de fe, no omitiré el referirlos. Para trasladar el cadáver de su padre desde la Arabia al templo del Sol, se vale de la siguiente maniobra: forma ante todo un huevo sólido de mirra, tan grande cuanto sus fuerzas alcancen para llevarlo, probando su peso después de formado para experimentar si es con ellas compatible; va después vaciándolo hasta abrir un hueco donde pueda encerrar el cadáver de su padre; el cual ajusta con otra porción de mirra y atesta de ella la concavidad, hasta que el peso del huevo preñado con el cadáver iguale al que cuando sólido tenía; cierra después la abertura, carga con su huevo, y lo lleva al templo del Sol en Egipto. He aquí, sea lo que fuere, lo que de aquel pájaro refieren.”
En la epístola [escrita aproximadamente en el año 96 EC.] dirigida a los corintios por Clemente de Roma, éste menciona el ave, para comparar su proceso, con la figura de la resurrección: 
"XXV. Consideremos la maravillosa señal que se ve en las regiones del oriente, esto es, en las partes de Arabia. Hay un ave, llamada fénix. Esta es la única de su especie, vive quinientos años; y cuando ha alcanzado la hora de su disolución y ha de morir, se hace un ataúd de incienso y mirra y otras especias, en el cual entra en la plenitud de su tiempo, y muere. Pero cuando la carne se descompone, es engendrada cierta larva, que se nutre de la humedad de la criatura muerta y le salen alas. Entonces, cuando ha crecido bastante, esta larva toma consigo el ataúd en que se hallan los huesos de su progenitor, y los lleva desde el país de Arabia al de Egipto, a un lugar llamado la Ciudad del Sol; y en pleno día, y a la vista de todos, volando hasta el altar del Sol, los deposita allí; y una vez hecho esto, emprende el regreso. Entonces los sacerdotes examinan los registros de los tiempos, y encuentran que ha venido cuando se han cumplido los quinientos años." 
En “La Divina comedia” escrita apróximadamente desde el año 1.307; en el canto XXIV, aro séptimo, el de los ladrónes, Dante narra una situación, que equipara con lo que acaece al ave fénix: 
“A uno que se hallaba próximo a nosotros le mordió una serpiente en la nuca, comenzó a arder y en un segundo quedó convertido en cenizas; pero inmediatamente, resurgio de sus cenizas como el ave fénix, que muere y renace cuando se acerca a la edad de quinientos años, según los grandes sabios, y no se alimenta de hierba ni grano, sino de amomo y lagrimas de incienso, formando de nardo y mirra su último nido."
El danés Hans Christian Andersen, quizá tomando de diversas fuentes, hace una descripción un poco más extensa, pero no por ello más precisa, probablemente añadiendo de su rica imaginación, a la historia conocida: 

“En el jardín del Paraíso, bajo el árbol de la sabiduría, crecía un rosal. En su primera rosa nació un pájaro; su vuelo era como un rayo de luz, magníficos sus colores, arrobador su canto. 
Pero cuando Eva cogió el fruto de la ciencia del bien y del mal, y cuando ella y Adán fueron arrojados del Paraíso, de la flamígera espada del ángel cayó una chispa en el nido del pájaro y le prendió fuego. El animalito murió abrasado, pero del rojo huevo salió volando otra ave, única y siempre la misma: el Ave Fénix. Cuenta la leyenda que anida en Arabia, y que cada cien años se da la muerte abrasándose en su propio nido; y que del rojo huevo sale una nueva ave Fénix, la única en el mundo.”..
“Pero el Ave Fénix no es sólo el ave de Arabia; aletea también a los resplandores de la aurora boreal sobre las heladas llanuras de Laponia, y salta entre las flores amarillas durante el breve verano de Groenlandia. Bajo las rocas cupríferas de Falun, en las minas de carbón de Inglaterra, vuela como polilla espolvoreada sobre el devocionario en las manos del piadoso trabajador. En la hoja de loto se desliza por las aguas sagradas del Ganges, y los ojos de la doncella hindú se iluminan al verla.”
…“¡El Ave del Paraíso! Rejuvenecida cada siglo, nacida entre las llamas, entre las llamas muertas; tu imagen, enmarcada en oro, cuelga en las salas de los ricos; tú misma vuelas con frecuencia a la ventura, solitaria, hecha sólo leyenda: el Ave Fénix de Arabia.” …
[Fragmentos de “El ave Fénix” Hans Christian Andersen].

En el libro de los seres imaginarios, Borges y Margarita Guerrero, hablan del Ave fénix ubicando el surgimiento del mito en Egipto y la posterior narración que de el hacen los griegos y los romanos:
 “Unos quinientos años después, Tácito y Plinio retomaron la prodigiosa historia; el primero rectamente observó que toda antigüedad es oscura, pero que una tradición ha fijado el plazo de la vida del fénix en mil cuatrocientos sesenta y un años (Anales, vi, 28). También el segundo investigó la cronología del fénix; registró (x, 2) que, según Manilio, aquél vive un año platónico, o año magno. Año platónico es el tiempo que requieren el Sol, la Luna y los cinco planetas para volver a su posición inicial; Tácito, en el Diálogo de los Oradores, lo hace abarcar doce mil novecientos noventa y cuatro años comunes. Los antiguos creyeron que, cumplido ese enorme ciclo astronómico, la historia universal se repetiría en todos sus detalles, por repetirse los influjos de los planetas; el fénix vendría a ser un espejo o una imagen del universo. Para mayor analogía, los estoicos enseñaron que el universo muere en el fuego y renace del fuego y que el proceso no tendrá fin y no tuvo principio.
Los años simplificaron el mecanismo de la generación del fénix, Heródoto menciona un huevo, y Plinio, un gusano, pero Claudiano, a fines del siglo IV, ya versifica un pájaro inmortal que resurge de su ceniza, un heredero de sí mismo y un testigo de las edades."
[Fragmentos de “El ave Fénix”/ Borges, Margarita Guerrero]


Borges y Guerrero también alúden al Fénix de la leyenda china, registrado en el séptimo libro de las Analectas de Confucio: 
“En cuanto al fénix (feng), es un pájaro de colores resplandecientes, parecido al faisán y al pavo real. En épocas prehistóricas, visitaba los jardines y los palacios de los emperadores virtuosos, como un visible testimonio del favor celestial. El macho, que tenía tres patas, habitaba en el Sol.
En el primer siglo de nuestra era, el arriesgado ateo Wang Ch’ung negó que el fénix constituyera una especie fija. Declaró que así como la serpiente se transforma en un pez y la rata en una tortuga, el ciervo, en épocas de prosperidad general, suele asumir la forma del unicornio, y el ganso, la del fénix. Atribuyó esta mutación al «líquido propicio» que, dos mil trescientos cincuenta y seis años antes de la era cristiana, hizo que en el patio de Yao, que fue uno de los emperadores modelo, creciera pasto de color escarlata. Como se ve, su información era deficiente o más bien excesiva
En las regiones infernales hay un edificio imaginario que se llama Torre del Fénix”.
[Fragmentos de “El fénix chino”/ Libro de los seres imaginarios/ Borges, Margarita Guerrero].

...“Carmesí y dorada” según los griegos, de espléndidos colores, como lo expresa Andersen. Con un ciclo que se repite cada 500, o 100 años; de las cenizas o del fuego. Dotada de voluntad y nobleza inquebrantables, según se concluye de las narraciones judias. 
Alimentada de lágrimas de incienso como dice Dante o de la humedad como dice Clemente. Como quiera que sea, es maravilloso pensar en su existencia; en el transitar de un ser con un tiempo predeterminado para cumplir un fin, con un destino preciso, realizando un viaje de un país a otro para dejar los restos de su progenitor, y “finalmente” [si es que cabe decir la palabra], un regresar para morir, para nacer, para ser Sempiterna… y si no como ave, quizá como “imágen o espejo del universo” como [según narra Borges], creían los antiguos que pasaría luego de transcurrído el “año platónico”.

1 comentario:

egar dijo...

que lindo mensaje, he inmagnificencia de aquel ave saludos

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