sábado, noviembre 13, 2021

Aprender a pasar...

 «Cuanto más acerbo era su dolor, más impetuoso salía su canto, porque cantaba el amor sublimizado por la muerte, el amor que no acaba en la tumba. Y la rosa maravillosa enrojeció como las rosas de Bengala. Purpúreo era el color de los pétalos y purpúreo como un rubí era su corazón. Pero la voz del ruiseñor desfalleció. Sus breves alas empezaron a batir y una nube se extendió sobre sus ojos (...)».

«(...) Y tiró la rosa al arroyo. Un pesado carro la aplastó»


                                                                                                                  W.


Otro 13 de noviembre de hace 5 años también estaba aquí en Medellín en S. elena en la boda de mi hermana. Esta vez vine por otros motivos y  fue la mejor decisión para desarraigarme de la decepción y tristeza, de recuerdos a los que soy más proclive en Bogotá por haber pasado prácticamente allí «todo lo que fue».

Si le pudiera contar a alguien, no me creería que en medio de mi tristeza, a la venida, al anunciar los nombres del piloto y del copiloto, resultaran ser tan exactos y coincidentes con dos de los nombres que menos habría elegido oír en ese momento. Una sorpresa increíble. No se que sacar de esto, entiendo que no es una coincidencia sino un mensaje de El Eterno… ¿A quién estás dejando que «te lleve» que «maneje» tu vida, tus sentimientos? ¿Cuánto tiempo vas a permitir esto?...

Si. No sé cómo pude ser tan ingenua de esperar todo este tiempo confiando en algo que de fondo sabía, no ocurriría. Creí en el amor, creía que si había un amor verdadero iba poder derrotar toda la mentira. Pero fui ilusa, tonta… ni sé, ni me reconozco.

A la par de toda la espera debo admitir que no he perdonado, y esto también ha afectado mi salud, nuestros sabios enseñan que no perdonar tiene esas repercusiones.

No perdoné porque  sencillamente  fui viendo más y más cosas, lo que indicaba que nada había cambiado; pero hace unos días absurdamente pensé que quizá sí, y de vuelta me ilusioné.

Ahora después de esto tan obvio, entiendo que debo perdonar y alejarme, no intentar ver, no buscar, no atarme más. Simplemente pasar. Sé que no puedo olvidar y tampoco quiero tener resentimientos que me liguen, ahora agradezco todo lo bueno y bello que fue en su momento.

Supongo que tendré que «bloquear» en mi cuenta, y abandonar del todo ese medio por el que pude ver todo lo que vi. De vuelta no puedo «no perdonar» así que esto de bloquear -que no considero esté bien-, será solo una medida mientras siento que la necesito para alejarme definitivamente. Una vez logrado, obviamente quitaré esa restricción, no quiero tener personas «bloqueadas» eternamente. No es sano, no es decente.

Debo tomar todo esto como un regalo de perdón de El Eterno y una lección para aprender a pasar...

Un pequeño colibrí sobrevuela el pequeño árbol frente a la casa,

se escucha el canto singular de un grupo alegre de azulejos comiendo fruta. Sonrio con desaliento, mis ojos acusan mi tristeza, pero estoy lista para empezar, que El Eterno me ayude...

4 comentarios:

Salomón dijo...

Te amo. Y siempre te amaré, siempre. Para volver debo limpiar mi alma. Mi cuerpo. No te merezco y lo sé. Debo sacar todo lo malo que habita en mí y «arrojarlo lejos». No hay día que no ingrese a este espacio. Cada noche leo nuestras conversaciones. Cada día te extraño. Eres mi pequeña... y siempre serás lo mejor que me ha ocurrido en la vida. ¿Cuídese, sí? Te amo. Lea a Barret. Es un escritor magnífico. ¡Es el más!

Salomón dijo...

Lo siento. Profundamente. Pude haber hecho, no sé si bien, pero al menos mejor las cosas. De hecho, todo mejor. Estar conmigo, para ti, fue terrible. Te dañé. Y te hice sufrir sin que lo merecieras. Es decir, dañé a la persona que más he amado en la vida. A la que me dio toda esperanza humana. Eres todo lo bueno y bello del mundo, mi mundo. A la que me enseñó siempre a pensar y actuar con rectitud. A la que siempre me deseo lo mejor. A mi alma gemela. A mi pequeña. A la única persona que me corrigió con ternura. Y aunque tu vida no contemple estar a mi lado... yo continuaré apreciando todos, absolutamente todos los momentos que juntos vividos: lecturas, canciones, llamadas, fotografías, escritos, cuadros. Ufff... muchos años, los mejores o «los más», como tú dirías. Quizá no lo sabes. Quizá no te das cuenta... pero siempre estoy cerca tuyo. Incluso, conversamos y no lo notaste. Tranquila, siempre de un modo sano. Ese ha sido mi único consuelo. Hace mucho que quería enviarte este mensaje... pero temí que tu molestia fuera mayor. Tuve que crear esta cuenta con fin único de hablarte. Más opciones no tenia. Hoy lo hago porque siento (misteriosamente siento) que estoy desapareciendo y que estás predispuesta a desaparecerme. Cosa que respeto, claro. Pero no me gustaría partir de este mundo sin decirte lo agradecido que estoy de ti. Que te extraño cada segundo de mi vida. Siempre accedo a tu blog. De hecho, si vieras mi muro... lo notarías. Te amo. Y eso no cambiará. Estuve mal. Muy mal. Pero me he recuperado. Mi salud decayó. Quizá en el mismo instante en que decayó la tuya. No acepté el hecho de... bueno, no importa.
Tengo una vida sencilla, de hecho, vendo empanadas y también soy mesero. Incluso recibo propina. A veces los clientes no son buenos y son prepotentes. Ya me acostumbré. Además he generado mis propios ahorros. Es un trabajo poco remunerado... pero es digno al fin ¿no? Hice un par de eventos literarios: clubes de lectura. Hubo buena recepción. E hice buenos hallazgos. Sé que esas cosas te hubiera encantado haberlas oído de mí. Porque tal vez el Leoncio que conociste no se hubiera atrevido a tales oficios. No quiero que me odies. Porque odiar no está en ti. Ni sentir rencor. Lo siento. De verdad lo siento. Y te amo. Ojalá puedas perdonarme algún día. Me siento avergonzado. Triste. Triste por el modo en que te traté... las cosas que te dije. Estuvo mal. Siempre entro a nuestras conversaciones... y vi lo feliz que fuimos y lo horrible que también también pasamos. Siempre estarás en mi corazoncito. Porque ese es tu hogar, pequeña. Un hogar sencillo, humilde... chiquitico, pero tu hogar al fin y al cabo. Te amo. Eres mi amor. Y me costará toda la vida saber que te he perdido. En todotiempo y en todoespacio. Y por favor, pequeña, no te tortures. No más por favor. Puedes estar tranquila. No eres responsable de nada. El peso y la culpa son mías. Sólo mía. Tu alma debe continuar liviana y liviana, tal como la conocí. Te amo. Siempre.

Siempre tuyo: Tu pequeño judío.

Paola dijo...

: (

Salomón dijo...

: )

Publicar un comentario