Agotado y confundido, se posaba a ratos en la parte superior de la puerta; pero el temor no le dejaba ver el espacio abierto que fácilmente se apreciaba por la puerta y el ventanal. Infructuosamente junto con mi padre, y mi hermano Intentamos ayudarlo a salir de diversos modos. Ya en el punto máximo de desesperación suya y nuestra, pensé: Colibrí= Flor. Así que colgué del marco superior de la puerta, una heliconia rostrata en su pleno esplendor. Y… Oh dicha, el pajarito la vio, se posó en ella, se quedó allí un par de minutos. Y maltrecho pero asombrado de que existiera aún el cielo llanero, azul clarísimo, inmenso e intocable…, se lanzó a volar.
3 comentarios:
Con el encadenamiento a la tierra se paga la libertad de los ojos.
Así es en cierto modo, Jorge... Tu comentario suena parecido a alguna frase de La sirenita de Hans Christian A.
Bella experiencia. Igual sucede cuando los pájaros se meten a las habitaciones y se enloquecen con los espejos.
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